Me voy al libro de arena, con un nombre iluminador: Látex especiado. Y voy a ejercitarme en lo que realmente me gusta y no sé, la poesía... pero, ¿qué importa?
Y el fin de semana que nos acecha, sin ganas de cercarnos, el sábado con visita, sevilla en primavera en enero, ¡ qué dolor !
¡Gracias por alegrarnos la navidad!
Acabo de llegar de Italia. Un viaje de apenas unos días, de estrés y trabajo. 4 días intensos de ir contracorriente en un escenario extraño. Ha sido mi quinta visita a Italia y a pesar de eso he vuelto a encontrar otro país. Haz de acostumbrarte al gélido viento que sopla entre los lagos del norte de Italia, entre Iseo y el lago de Garda, en la lejana Lombardía,con una mirada alpina, erguida y glacial, nos adormecía entumeciéndonos los labios o los dedos de los pies. Italia se parece a España, dicen, para nada, ni los españoles nos parecemos a los italianos, la lengua necesita traducción y la cultura también,incluso la gastronómica. El apacible pueblo de Iseo, de apenas 5000 habitantes, es en invierno una ciudad en paro, apenas se dejan ver las gentes entre sus calles rectas y sus soportales y casi siempre se adivina en ellos un sentido rectiléneo que no deja margen a la improvisación. Allí tuve que comprar un adaptador para la batería de mi portátil ( los italianos usan un enchufe con tres émbolos: vivo, neutro y tierra)y resultó una dura batalla. El pequeño comercio, parecido a nuestras ferreterías, pero alternando cristal de bohemia con martillos de diseño, era atendido por una señora de unos 80 años con una perfecta jovialidad y ganas de cachondeo palpable, nos explicó que ese tipo de enchufe, el nuestro, se llamaba "tedesco", así que no entendía cómo es que se usaba en España. Casi todo se parece a eso, un enchufe con 3 puntas, una cerveza piccola que vemos grande y unas ansias de cominicarse más allá de los sinsabores semánticos y culturales.
También tuve que visitar Brescia, una ciudad sitiada por las obras y las rotondas formadas tan sólo por un montón de tierra y una señal como esta. He visto obras y he visto ciudades pero jamás he visto lo que vi hace unos días; la ciudad tomada por los tiranos del motor, a su libre albedrío...y luego nos quejamos de nuestras obras, ni punto de comparación...
En fin, he vuelto un pelín rota por el cansancio, los madrugones y la tensión de la carretera y también he vuelto desencantada, íntimamente, porque cada día la humanidad se parece menos y nos esforzamos por buscar moléculasque nos distingan, olvidándonos de lo mucho que nos parecemos.
elviernesesunasucesiónrítmicadearomasabiertosdeparenpar
en los supermercados.
¿Salimos?
La tristeza es un badén profundo que te perfora el alma. Es la carretera truncada de la vida donde dos personas van en paralelo y en sentido contrario.

