Hoy me he despertado con una sensación extraña y durante todo el día he sentido la quemazón de un pensamiento solo, un pensamiento huérfano en la galaxia de neuronas que supuestamente puebla mi cerebro.
He pensado en la muerte, sí, en la muerte, ese opúsculo-ocaso que emerge erguido en la sinrazón de la vida y por vez primera he sentido que su contacto no me asusta, no me vuelca, no me embiste. Es inusual y es clarificador porque por primera vez acepto que la maquinaria se parará un día, que dejarán de zumbar mis aurículasy que esa dejación de movimiento estará inevitablemente relacionada con el momento en que aspiré la vida. Un ciclo que se cierra, un ciclo que abre. Y yo, que me hago mayor, porque si no , ¿a cuento de qué esta milonga?
Blog, sé compasivo conmigo.
El veranome hace recordar, el ocio más bien tira de mi memoria con un anzuelo hecho de mosaico de pasado. El resultado es siempre la melancolía. En esta tira de pasados, porque hay muchas peculiaridades, hay rostros y voces, hay tactos y alientos, hay palabras. Recuerdo a todos los que no están, echo de menos todo cuanto no tengo y tuve. Si esta rémora tomara corporeidad, daría los pasos para ir hacia ellos y derribar así este peso, esta ausencia limpia.
Mucho tiempo sin escribir nada y todo sucede igual... una pequeña enfermedad, un desánimo, saber que estar aquí no influirá a nadie y aún menos, no estar. Es la sinrazón del verano sin duda. El trabajo devora el tiempo y lo único que me apetece es tumbarme al fresco de mi sofá y sobre todo al fresco de mi A/C, como mucho jugar al Tomb Raider Anniversary , que me trae loca y cómo no, me devuelve torpe. Esa es la situación actual, a la espera de las micro-vacaciones por las que hipotecas los sueños del resto del año laboral... la playa, la montaña, la pereza supina, el sudor, a la espera de que todo se recomponga de nuevo y llegue el dulce invierno.
Me hago impopular
entregando a dios
un rugido arácnido,
como si pensar quebrara
la molécula de fe
que aún nos queda.
Más sigilo en los bebedizos nobles,
más imploro por mi meta lengua
que cabalga junto a la tuya,
unidos los unos a los otros
como esquirlas menores
de belleza friki,
¿dónde ha ido el dolor de ayer,
la misericordia cosida al hígado?
Flameando los cabellos,
enjugados en el color de este siglo,
coger el tranvía no basta
ni llamar por teléfono, los taxis,
ni toda la imaginería anterior
de sensibilidad inventada.
Caemos como goma dos
pletóricos de gravedad,
desnutridos de futuro
y sobrealimentados.
Una debilidad, un eufemismo , una pequeña huella del pequeño burgués que llevo dentro... Presento al mundo mi nuevo avatar, harta ya de rosas (" Las rosas de papel no son verdad y queman": J.Gil de Biedma), prefiero esta imagen en movimiento, mis pies pisando tierra, mis pies en avanzadilla de mí, mis pies cambiantes, diligentes hacia luces, laberintos, caos, destemplanza, en camino.
Hoy me he decidido, he abandonado el gris que me caracteriza y he eclosionado en rojo-azul, como una primavera rebelde, como un orgasmo, emerger de la nada y ser izada por un viento suave sin gravedad, lánguidamente caer y sentir la tersura de la tierra rojiza en la planta de los pies y desear que no acabe, que no acabe, que no acabe...
Esto es lo que me repito desde la inteligencia emocial que ahora me gobierna.Debe ser un depósito del inconsciente de mi infancia, cuando Eurovisión era un espectáculo que nos reunía, familia y vecinos. Un fantasma del pasado, sin duda.
Es una canción absurda, un son absurdo que nos ha dejando en los primeros cinco puestos, empezando por la cola.... Pero ¡me cabrea! No sé, es un no sé qué patriótico, una carencia de afecto, pero el resultado es que nadie en este mundo euroviótico quiere a esta canción, incluída yo.